El pasado mes de marzo, la nueva administración realizó su primera intervención en los precios de combustibles en el país. A través de una publicación en el Diario Oficial de la Federación, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), anunció la actualización en la metodología para determinar el estímulo fiscal en materia del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a combustibles automotrices.

Cuando nos referimos al IEPS, es el impuesto que se paga en el país por la producción, venta o importación de productos como gasolina, alcohol, cerveza y tabaco; se trata de un gravamen que los contribuyentes (aquellos que importan o producen) no pagan directamente, sino que lo transfieren a sus clientes o consumidores finales; en el caso de combustibles, el IEPS contempla varias cuotas por litro en función del tipo de producto (por ejemplo: gasolina menor de 92 octanos, gasolina de 92 octanos o mayor, diésel y combustibles no fósiles).

 En efecto, la exposición de motivos en los años 80 del IEPS establece que este impuesto persigue gravar la primera enajenación o importación, es decir, la primera etapa de comercialización; en otras palabras, que una vez importados los bienes (o enajenados por primera vez por parte del productor o fabricante), ya no habrá un gravamen adicional.

Por otra parte, los estímulos fiscales son, básicamente, aquellas facilidades otorgadas por las autoridades fiscales que tienen una naturaleza de política fiscal.

De hecho, las políticas fiscales pueden convertirlas en motores de crecimiento de la economía nacional, generando múltiples beneficios, tales como el incentivar la diversidad de una economía y su innovación; fomentar la acumulación y distribución de la riqueza; así como generar inversión y empleo.
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En materia de combustibles, los estímulos fiscales del IEPS a la importación y venta de combustibles representan, de manera indirecta, principalmente, para el consumidor final —es decir, quienes consumen y realizan operaciones de transporte, e incluso manufactura—, la posibilidad de acceder a un incentivo que le permita disminuir parcialmente el monto del pago que hace de IEPS. Dicho lo anterior, no debe olvidarse que el impuesto se causa por el importador, fabricante o productor, mismo que tendría la capacidad (en un mercado de precio abierto) de repercutir o no, este beneficio al cliente final.

En ese sentido, es importante destacar que los cambios del 11 de marzo constituyeron la reactivación de los estímulos al IEPS en combustibles, los cuales, en el caso de la gasolina Magna, por solo mencionar un ejemplo, se frenaron desde finales de diciembre pasado.

A mayor estímulo, mayor es el subsidio que brindan las autoridades fiscales y, así, mayor es la libertad que tiene el vendedor de combustible para poder definir el precio que mejor considere, siempre bajo la supervisión de la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

El propósito que las autoridades tienen al incrementar el estímulo es que el comercializador tenga un mayor parámetro para ofrecer un precio mucho más competitivo, que beneficie también al consumidor, es decir, disminuir los precios.

Lo anterior representa una buena noticia para el consumidor, además de una decisión que muestra continuidad, entendimiento y consentimiento de la metodología utilizada para definir los precios del combustible, sin embargo, habrá que estar atentos al impacto que esta medida tendrá en la recaudación fiscal, la cual sin duda se verá afectada.
 

Con información de: Arturo García Bello